Terra Eixuta: una lectura de la creación contemporània de la Ribera a l’Horta
Edificio Cultural Leopoldo Peñarroja (La Moleta, 1. 12600 La Vall d’Uixó). Del 11 de diciembe al 31 de enero de 2026
Inauguración, jueves, 11 de diciembre 19.30 horas.
Terra Eixuta: una lectura de la creación contemporània de la Ribera a l’Horta es una exploración sensible que hace del territorio un archivo vivo, un cuerpo que respira y sufre, que recuerda y resiste. La exposición nace de un lugar marcado no solo por los acontecimientos climáticos de los últimos años, sino también por las transformaciones silenciosas que afectan a la forma en que habitamos, cultivamos y pensamos la tierra. Tras la DANA y otros episodios que alteraron la fisionomía de las comarcas de la Ribera y l’Horta, los artistas aquí reunidos se enfrentan a una pregunta común: ¿cómo crear cuando el paisaje se agrieta, se desborda o se transforma?
Lejos de una lectura meramente geográfica, Terra Eixuta propone un viaje en espiral hacia las capas profundas de la memoria material y emocional del territorio. La muestra entiende la tierra no como un soporte estático, sino como un interlocutor complejo, a veces quebrado, a veces fértil, siempre en permanente tránsito. Desde esa escucha atenta, los artistas activan un diálogo donde el gesto creativo deviene herramienta de acompañamiento, reparación y deseo.
El recorrido se articula como un tejido coral, un mapa sensorial donde las obras dialogan entre sí y con el vacío que las rodea. El espectador es invitado a desplazarse por un espacio de resonancias —visuales, táctiles, simbólicas— que se expanden más allá de los límites del Edificio Cultural Leopoldo Peñarroja y se proyectan hacia el origen de cada pieza: la huerta, el margen del río, el taller doméstico, los cuerpos que trabajan la tierra y los que la contemplan.
Las obras: territorios de gesto, materia y memoria
– Monique Bastiaans (Chiva) entrelaza hierro y vegetación autóctona en M-KLOK y El sisé silenci. Sus instalaciones funcionan como relojes orgánicos: el metal en tensión y la vida vegetal conviven en un equilibrio frágil, evocando el pulso lento de un paisaje que guarda silencios más antiguos que cualquier intervención humana.
– Ángeles Císcar (Turís) concibe el agua como un relato que se escribe y se borra continuamente. Acció 01. El curs de l’aigua y Acció 02. Horitzó son piezas donde el movimiento del cuerpo, la vibración de la imagen y el susurro de la caña activan un pensamiento líquido: un recordatorio de que toda memoria fluye, pero también erosiona.
– Cristina Guzmán Traver (Aldaia) trabaja el barro como quien acaricia una herida. En Xemeneies sense fum y Ulls de fang, la cerámica recupera la densidad del pasado industrial y doméstico, pero también su vulnerabilidad. Sus piezas son pequeñas arquitecturas que respiran, como si la tierra —moldeada y vuelta a nacer— habitara de nuevo el espacio.
– Àlex Marco (Benifaió) investiga la pintura como una prolongación del cuerpo en tránsito por el territorio. En Assaig residual. II y Black Matter, el pigmento se expande como un sedimento, una huella que el paisaje ha dejado en la carne. La pintura no representa la tierra: la encarna.
– Juan Carlos Nadal (Beniparrell) despliega un lenguaje abstracto que parece escuchar lo que la tierra murmura desde dentro. Virginis y Gaia son obras donde la luz, la vibración cromática y la energía gestual construyen un imaginario espiritual que conecta lo telúrico con lo celeste.
– Rebeca Plana (Albalat de la Ribera) irrumpe con la fuerza del gesto. Terra Eixuta I y II son piezas que parecen nacer de un estallido interior: un grito de color que oscila entre el desgarro y el renacimiento. La pintura se convierte aquí en un estado emocional del paisaje, una pulsación vital.
– María José Planells (Picanya) ofrece un espacio íntimo de pausa y reconocimiento. Mirar-nos als propis ulls pone en diálogo cojines bordados y espejos, creando un refugio donde la mirada se vuelve vulnerable y colectiva. Es una invitación a la ternura: un acto de resistencia en tiempos de velocidad y pérdida.
– Pepe Sanleon (Catarroja) construye en Alba vitreae un universo de reflejos y opacidades, donde el metal y la luz se entretejen para evocar los restos de una memoria industrial. Sus superficies vibran, como si cada pliegue del material contuviera un amanecer detenido.
– Carlos Sebastià (Catarroja) convierte materiales acústicos en topografías afectivas. 39° 59′ 44.558″ N, 0° 5′ 20.078″ W y TSPA2 funcionan como mapas emocionales que cartografían el tiempo más que el espacio: son coordenadas del sentir, del eco, de aquello que persiste.
– Marc Martínez (Valencia), con su serie Lleus, captura el temblor de la luz en el límite entre quietud y movimiento. Sus fotografías en duotono poseen un tempo propio, casi musical, donde la huerta aparece como un espacio de respiración más que de representación.
– Hugo Martínez-Tormo (Valencia) plantea una fricción consciente entre lo natural y lo artificial. En Melted & Molten y Real/Unreal, el plástico fundido y la materia viva conviven en un territorio tenso, un paisaje híbrido que nos interpela sobre el futuro ecológico que estamos modelando —y deformando.
– Rubén Tortosa (Valencia) utiliza la impresión digital y el laboratorio mediático para pensar el desorden. El tall del temps y Poètiques del desordre son piezas que se debaten entre lo exacto y lo inestable: fragmentos de un tiempo que se resquebraja y se recombina.
– Regina Quesada (Valencia) cierra el recorrido con Inhumació, una pieza que evoca el ritual, la tierra removida, la promesa de renacimiento. Con materia orgánica y una mesa como altar, convoca el ciclo vital: enterrar para cuidar, para transformar, para volver a la vida.
Una exposición como territorio compartido. Terra Eixuta se configura como un espacio donde el gesto artístico actúa como mediador entre memoria, materia y comunidad. El conjunto de obras no pretende ofrecer respuestas, sino abrir fisuras a través de las cuales repensar nuestra relación con la tierra en un tiempo marcado por la incertidumbre climática, social y emocional.
En este sentido, la exposición es también un acto de resistencia cultural: un intento de sostener y hacer visible un ecosistema creativo que, desde las comarcas de la Ribera a l’Horta, aporta nuevas miradas, nuevas formas de cuidado y nuevas posibilidades de futuro.
Comisariado: Cristina Agàpito y Alfredo Llopico









